¿Cómo contarle a alguien lo que estás sintiendo?
A veces sabemos que algo nos pasa, pero no encontramos las palabras para explicarlo. Hablar de nuestras emociones puede dar miedo, vergüenza o simplemente resultar difícil. No necesitás tener todo claro para empezar.
Quizás hace días que venís sintiéndote distinto. Tenés muchas cosas en la cabeza, algo te preocupa o simplemente sentís que no estás bien.
Puede que quieras contárselo a alguien, pero no sepas cómo empezar.
¿Y si no me entiende? ¿Y si piensa que estoy exagerando? ¿Y si no sé explicar lo que me pasa?
Esas dudas pueden hacer que terminemos guardándonos todo.
Pero hay algo importante que queremos recordarte: no tenés que esperar a sentirte desbordado para hablar de tus emociones.
Compartir lo que sentís también es una forma de cuidarte.
1. No necesitás entender todo lo que te pasa
A veces sentimos tristeza, enojo, miedo, frustración o angustia, pero no logramos identificar exactamente por qué.
Otras veces aparecen varias emociones al mismo tiempo.
No hace falta que encuentres una explicación perfecta antes de hablar con alguien.
Podés empezar con algo tan sencillo como:
- «Últimamente no me estoy sintiendo bien y no sé muy bien por qué».
- «Tengo muchas cosas en la cabeza y me cuesta ordenarlas».
- «Hay algo que me está pasando, pero todavía no sé cómo explicarlo».
- «Me siento raro últimamente y creo que necesito hablarlo».
No saber ponerle nombre a lo que sentís no significa que eso que sentís sea menos importante.
2. Elegí a alguien con quien te sientas seguro
No existe una única persona indicada para hablar de nuestras emociones.
Puede ser un amigo, alguien de tu familia, tu pareja, un docente, un referente de confianza o un profesional.
Lo importante es que sea alguien con quien te sientas respetado y escuchado.
Pensá en una persona que haya demostrado interés por vos, que sepa escuchar y con quien puedas hablar sin miedo a ser ridiculizado.
Y si no encontrás a alguien en tu entorno cercano, también existen espacios de orientación y apoyo donde podés buscar ayuda.
Pedir ayuda no siempre significa acudir a la persona más cercana. Significa encontrar a alguien que pueda escucharte y acompañarte de manera segura.
3. Empezá con una frase sencilla
No necesitás preparar un gran discurso ni encontrar el momento perfecto.
Podés comenzar diciendo:
- «Che, ¿tenés un rato? Necesito hablar de algo».
- «Hay algo que me está preocupando y quería contártelo».
- «Me cuesta bastante hablar de estas cosas, pero necesito que alguien me escuche».
- «No estoy pasando por mi mejor momento. ¿Podemos charlar?».
Si te resulta difícil hablar cara a cara, podés escribir un mensaje, mandar un audio o incluso anotar previamente lo que querés decir.
Una opción es enviar algo así:
«Hola, ¿cómo estás? Quería preguntarte si en estos días podemos hablar un rato. Hay algunas cosas que me están pasando y me gustaría compartirlas con vos. Me cuesta un poco hablar de esto, pero creo que me haría bien».
No importa que las primeras palabras salgan desordenadas. Lo importante es que sean tuyas.
4. Tratá de explicar cómo te está afectando
Cuando empezamos a hablar, puede resultar más sencillo contar lo que ocurrió que explicar cómo nos hizo sentir.
Las dos cosas son importantes.
Podés ayudarte con estas tres preguntas:
¿Qué me está pasando?
«Hace tiempo que estoy preocupado por algunas cosas».
¿Cómo me estoy sintiendo?
«Me siento angustiado, cansado y a veces bastante solo».
¿Cómo está afectando mi día a día?
«Me cuesta concentrarme, disfrutar algunas actividades o descansar bien».
No tenés que responderlas todas ni seguir un orden.
Son simplemente una forma de comenzar a organizar lo que querés compartir.
También podés reconocer que necesitás tiempo para encontrar las palabras.
5. Decí qué necesitás de esa conversación
A veces las personas que nos quieren intentan ayudarnos dando consejos, ofreciendo soluciones o contándonos experiencias propias.
Puede que lo hagan con buenas intenciones, pero quizás no sea lo que necesitás en ese momento.
Está bien decirlo.
Por ejemplo:
- «Por ahora no necesito consejos, solo quiero que me escuches».
- «Me gustaría saber qué pensás de esto».
- «¿Me podés acompañar mientras intento resolverlo?».
- «No sé bien qué necesito, pero me hace bien poder hablarlo».
Expresar qué esperás de la conversación puede ayudar a que la otra persona comprenda cómo acompañarte.
Y si todavía no sabés qué necesitás, también podés decirlo.
6. No tenés que contar todo de una vez
Hablar de nuestras emociones puede hacernos sentir vulnerables.
Quizás hay aspectos que todavía no estás preparado para compartir, o simplemente te resulta difícil continuar.
Podés ir de a poco.
Está bien detenerte, hacer una pausa o decir: «Prefiero seguir hablando de esto otro día».
También puede pasar que la primera persona con la que hables no responda como esperabas.
Tal vez se ponga nerviosa, no sepa qué decir o no logre comprenderte.
Una respuesta poco comprensiva no significa que tus emociones no sean importantes.
Si no encontraste el apoyo que necesitabas, podés intentar hablar con otra persona de confianza o buscar orientación profesional.
No tenés que insistir con alguien que te juzga, te ridiculiza o no te hace sentir seguro.
7. Hablar puede ser el comienzo de algo más
Compartir lo que sentís no significa que todos tus problemas vayan a desaparecer después de una conversación.
Pero puede ayudarte a sentirte escuchado, comprender mejor lo que te está pasando y descubrir nuevas formas de afrontar una situación.
Si lo que sentís te genera mucho sufrimiento, se mantiene en el tiempo o interfiere con tu vida cotidiana, buscar apoyo profesional también puede ser un paso importante.
Hablar con un psicólogo, psiquiatra u otro profesional de la salud no invalida el acompañamiento de tus amigos o familiares. Son formas de apoyo que pueden complementarse.
Y si alguna vez sentís que podrías lastimarte, que no querés seguir viviendo o que tu seguridad está en riesgo, contáselo cuanto antes a una persona de confianza y buscá ayuda inmediata. No tenés que manejar una situación así por tu cuenta.
Contactos de emergencia por país
Líneas de ayuda y de emergencia de distintos países de la región.
Ver contactos de emergencia →Para recordar
No necesitás encontrar las palabras perfectas para merecer ser escuchado.
Podés sentirte triste sin saber por qué, estar preocupado por algo que otros consideran pequeño o necesitar compañía aunque no sepas explicar qué te ocurre.
Tus emociones no tienen que ser extraordinarias para ser importantes.
A veces, empezar a hablar es tan sencillo como decir: «No sé muy bien qué me pasa, pero necesito contártelo».
Y esa pequeña conversación puede ser el comienzo de un camino hacia sentirte mejor.

Abrigo acompaña tu bienestar emocional, pero no reemplaza la atención de profesionales de la salud mental.
